Alicia pasó la tarde en casa sin ser capaz de mirar a su madre a la cara. Se fijó que caminaba con dificultad y, al sentarse, lo hacía con el máximo cuidado.
"No me extraña" pensó "Con el rabo que gasta Frank ha debido romperla por dentro..."
En cambio Claudia soltaba de vez en cuando algún comentario sarcástico sobre el estado de su madre, al parecer le había dicho que había sido haciendo yoga...
"Si, claro... La postura del perrito..."
Pero al parecer Claudia se lo había creído... Realmente no tenia motivos para no hacerlo.
Esa noche, mientras Alicia jugaba con Manolo, no podía dejar de pensar en lo que había visto por la mañana. Su madre había sufrido. Al menos al principio, por que después no había dudas de que lo había disfrutado. ¿Frank le pediría lo mismo a ella?
Se estremeció de arriba a abajo, se le puso la carne de gallina al imaginar aquella enorme polla forzando su culo, abriéndose paso por un lugar que nadie había tenido permiso a investigar y, aunque le daba pánico que eso sucediera, una parte de ella estaba deseando saber que se sentía. Extrajo el consolador empapado de su coño, separó y levantó sus piernas para abrirse paso y situó la punta sobre su ano. Cerró los ojos, respiró hondo y empujó suavemente. El consolador era grande y al vencer la resistencia inicial de su culo, se le escapó un gritito de dolor. Rápidamente se tapó la boca con una mano. Intentó introducirlo un poco más, despacito y con calma, pero era como si su culo se estuviese desgarrando al paso de Manolo.
Sacó el juguete de su culo e intentó calmarse. ¿Por que no podía? Si Frank quería... Si Frank intentaba... Sería imposible... La polla de Frank era más grande que el consolador, ¿Como había sido capaz su madre?
Lo intentó de nuevo embadurnando el consolador con un poco de crema hidratante que tenía en la mesilla, esperando que actuase de lubricante. Cambió de posición, se puso a cuatro patas y con el culo en pompa apuntó de nuevo a su ojete. Apretó los dientes cuando vio su culo forzado de nuevo, pero no paró esta vez, aguantando el dolor comenzó a introducir el juguete casi hasta la mitad, una vez había vencido la primera resistencia, el resto entraba con mas facilidad, aunque el dolor no disminuyó. Cuando notó que había introducido por completo el aparato, lo sacó y se quedó tendida en la cama. No quería moverse. Le dolía horrores, ¿Se suponía que tenia que disfrutar con eso?
"Tu madre ha disfrutado" Se dijo a si misma.
Nuevamente la envidia y los celos la atacaron. Miró el consolador y vio que tenía algo de sangre. No era mucha, pero eso la convenció de no volver a intentar nada esa noche.
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Al día siguiente, casi al final de la mañana mientras estaba en clase, su móvil vibró de nuevo. Era Frank otra vez.
- Hola Ali. ¿Te gustó lo de ayer?
- ¿Ahora que quieres? ¿Otra vez quieres que vuelva a ver como enculas a mi madre?
- No, no, no te preocupes por eso. Hoy no quería espectadores ;)
A Alicia le llegó una foto. Miró alrededor por si alguien le prestaba atención y, notando un ligero cosquilleo en el coño, la abrió.
Se veía la espalda y el culo de su madre en primer plano. Al parecer Frank estaba sentado en el sofá y Elena estaba sentándose sobre él, empalándose ella sola con la enorme polla del chico.
- Eres un cerdo... ¿Por qué nos haces esto? - La cara de la chica se había puesto roja.
- ¿Que por qué? Como si no lo disfrutaseis... Ha sido tu madre la que me ha pedido repetir, parece que ayer le gustó mucho que la diera por el culo y creía que hoy lo podía hacer mejor aún.
A la chica le daban ganas de tirar el móvil al suelo.
- ¿Y que coño la has obligado a tatuarse? ¡A mi madre!
- ¿Obligado? Yo no la he obligado a nada, es un pequeño símbolo que representa que es mi zorrita, y que le encanta serlo. Ahora estábamos planteandonos que tal sería anillarle los pezones. Está encantada con la idea...
- ¡Deja a mi madre en paz!
- ¿Tienes celos de ella? ¿Te habría gustado que ayer fuese tu culito el que hubiese estrenado? No te preocupes ricura, tendremos tiempo para todo...
La chica recordó cómo la noche anterior había insertado a Manolo en su culo... Solo por... Solo por ver que se sentía... Por si acaso en algún momento ella lo hacía... No lo había hecho para prepararse para Frank, o eso quería pensar... Aunque no quería admitirlo, si que había comparado el tamaño del juguete con el de la polla del chico.
- Tengo ganas de ver si tu culo tiene tanta hambre cómo el de tu madre... - Seguía escribiendo el chico.
- ¡Señorita Alicia! - Se escuchó a voz en grito. Era el profesor. - ¿Sería tan amable de leer eso tan interesante que tiene en su móvil?
- ¿Q-qué...? ¡No! - Toda la clase la miraba ahora.
- Así todos podremos saber que tiene ahí que es más importante que el temario que estoy explicando. - Alicia guardó el móvil rápidamente en el bolsillo, negando con la cabeza. - Por favor, deme el móvil y continuemos con la clase. Al final de la hora se lo devolveré después de tener una charla con usted.
- N-No... No le voy a dar mi móvil.
- Entonces haga el favor de irse de la clase y dejar de molestar.
Alicia recogió sus cosas y salió, roja de la vergüenza.
- ¡Imbécil! - Escribió al chico. - Por tu culpa me han echado de clase.
- Yo no he hecho nada, pero gracias a eso tienes algo de tiempo libre... ¿Que te parece si pasamos un buen rato?
Alicia se dio cuenta de que aunque no quería admitirlo, aunque le asqueaba lo que ese chico estaba haciendo con su madre y con ella, en el fondo lo estaba deseando. La sola idea de dejarse poseer por Frank la comenzó a excitar.
- Pero antes quiero saber si has sido una buena zorrita. No quiero perder el tiempo.
Alicia sabia perfectamente a lo que se refería, después de las dos últimas veces, esta vez si se había puesto tanga.
- Hoy si. - Contestó de manera escueta.
- ¿Hoy si, qué?
- Hoy si que me he puesto tanga. - Estaba deseando que se la tragara la tierra.
- Así me gusta, que vayas aprendiendo. Pero no me fío. Mandame una foto.
- ¿Cómo?
- ¿No sabes leer? Mandame una foto tuya en la que vea que llevas tanga. Si no, ni te molestes en venir por aquí.
- ¿Estás loco?
Frank no volvió a contestar. Le daba igual, no pensaba hacerlo.
Se dirigió al servicio a lavarse un poco la cara y se quedó mirándose en el espejo.
"¿A quien quieres engañar? Sabes perfectamente que lo vas a hacer..."
Debía estar volviéndose loca, ese chico ejercía una fuerte influencia sobre ella. Miró a los lados para asegurarse de estar sola, bajó sus shorts negros hasta la mitad del muslo y, dándose la vuelta para que se le viera el culo a través del espejo, se sacó una foto.
- ¡Oh! ¡Perdona! No sabía que...
Una chica había entrado en el baño y salió de allí azorada, al ver la tarea de Alicia. Ésta rápidamente subió sus pantalones de nuevo y salió de allí. Cuando estuvo fuera del edificio envió la foto.
- Buena chica. - Contestó Frank. - Ahora ven a mi casa, que tienes la comida preparada.
Recibió una foto de la enorme polla de Frank a continuación. Estaba completamente empalmada, apuntando al cielo. Su entrepierna se humedeció aún más.
Había aparcado en el fondo del parking, que ahora estaba lleno de coches pero no había nadie. Nadie excepto una oportuna chica apoyada en la puerta de su coche, fumando.
- Perdona, - Dijo Alicia, impaciente. - ¿Me permites?
La chica del coche la miró con desdén mientras echaba el humo del cigarro hacia su cara.
- Hola, ¿Eres Alicia? - Preguntó mientras la examinaba de arriba a abajo.
Alicia no la conocía. Era una chica guapísima, alta y delgada, ¿Era de su facultad? No recordaba haberla visto... Tenía el pelo largo y liso cayendo sobre sus hombros, una nariz respingona y rodeada de pequeñas pecas que la daban una apariencia algo aniñada. Llevaba una camisa que dejaba entrever unas tetas no demasiado grandes y unos vaqueros de pitillo que realzaban su culo y sus piernas. Unas cuñas de 10 centímetros hacían que esto ultimo destacase todavía más.
- Si... Soy Alicia... ¿Quien eres tu?
La chica sonrió, echó el cigarro al suelo y lo apagó, separándose del coche y acercándose a Alicia.
- Encantada de conocerte. Yo soy Rebeca.
Acompañó su nombre de una fuerte bofetada que hizo perder el equilibrio a Alicia.
"¿Rebeca la exnovia de Gonzalo?"
Sin darle tiempo a reaccionar Rebecca se tiró encima suya y comenzó a golpearla, gritandola.
- ¡Eres una zorra! ¡Te has tirado a mi novio! ¡Te voy a matar, puta!
Alicia a duras penas podía defenderse, la sorpresa le había dado demasiada ventaja a su contrincante, y además, Alicia no es que se hubiese pegado muchas veces en su vida...
- ¡D-Dejame! ¡Te lo puedo explicar!
- ¡Me ha dejado! ¡Por tu culpa me ha dejado! ¡Me las vas a pagar!
Los golpes llovían sobre la cara de Alicia. ¿Como esa chica tan delgada podía tener tanta fuerza? Se limitó a intentar cubrirse la cara para evitar mas golpes, y entonces alguien gritó a lo lejos.
- ¡Eh! ¿Que está pasando ahí?
Rebeca paró de golpear y levantó la cabeza.
- Como vuelva a ver que te acercas a Gonzalo, lo de hoy te va a parecer un juego de niños.
Y diciendo eso salió corriendo.
Alicia fue vagamente consciente de que el que había gritado llegaba a su lado y pedía una ambulancia. Después cayó inconsciente.
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Cuando despertó, estaba en una cama de hospital. Frank estaba sentado en un pequeño sofá a un lado de la cama, al sentir que la chica se movía se levantó rápidamente.
- ¡Alicia! ¿Que ha pasado? - Nunca le había visto así, estaba compungido y mostraba abiertamente su preocupación. - ¿Me oyes? ¿Te encuentras bien?
- Eh... Creo que si... - La chica hizo una mueca de dolor al incorporarse. - ¿Estas tu sólo?
- Si. Tu madre se quedó toda la noche, le dije que se fuera a descansar. Ahora en un poco viene tu hermana. El chico que llamó a la ambulancia dijo que había una chica dándote una paliza... ¿Que pasó?
- Si... Era... Era Rebeca... La ex novia de Gonzalo. - Apuntilló al ver que el chico no tenía ni idea de quién hablaba. - Decía que por mi culpa le había dejado.. Y yo... Yo...
Alicia rompió a llorar y Frank la acogió entre sus brazos.
- Sshhh, tranquila - Susurró a su oído. - Ya ha acabado todo. Sólo te tienes que preocupar de recuperarte rápido, ¿Eh? - La chica nunca había visto ese lado tierno de Frank, y era... reconfortante. - Voy a ocuparme de todo. - Estaba completamente serio y no había sombra de duda o burla en sus palabras.
Mientras hablaba llegó Claudia.
- ¿Por fin te has despertado? ¡Todos aquí preocupados por ti y tu durmiendo! Anda que...
Claudia dio un cariñoso achuchón a su hermana, hacía mucho tiempo que no se daban una muestra de cariño tan evidente. "Debía haber estado muy preocupada por mí." Pensó Alicia.
- Puedes ir a descansar Frank, ya me quedo yo con ella.
El chico echó una última mirada a las dos jóvenes y se fue dejándolas a solas.
- Gracias por venir, hermanita.
- No digas tonterías, ¿Quien más te iba a aguantar a parte de mí? - Alicia sonrió a su hermana. - Y que... ¿Que pasó? ¿Por qué alguien querría hacerte esto? No te han robado nada...
Alicia tragó saliva y le contó todo lo que había pasado con Gonzalo y cómo éste había dejado a su novia por ella. Omitió todo lo relacionado con Frank y, por supuesto, con su madre.
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Claudia despertó en su cama bastante cansada, hacia dos días que su hermana había despertado y desde que estaba ingresada había dormido bastante poco. Por suerte no había tenido ninguna lesión grave y sólo querían mantenerla en observacion, por si acaso.
Cuando apartó las sábanas cayó al suelo el consolador con el que había estado masturbándose la noche anterior. Una sonrisa apareció en sus labios al pensar en lo que estaba a punto de hacer, desde que había empezado a pensar en ello vivía en un estado de excitación constante.
"Ahora solo falta que me avise Frank" Pensó.
El chico había estado durmiendo en su casa desde que su hermana estaba ingresada, para que ella o su madre no estuviesen solas en casa. Pero hacía un tiempo que había salido.
Como si estuviese programado y no fuese casualidad, su móvil sonó. Era un mensaje de Frank.
- El conejo ha entrado en la madriguera.
La sonrisa de Claudia se hizo mas pronunciada aún.
lunes, 2 de febrero de 2015
martes, 20 de enero de 2015
Mi madre y el negro V: Aprendizaje
Alicia durmió plácidamente. Tanto como no lo había hecho en las ultimas semanas. Cuando se despertó, en cambio, se dio cuenta de que estaba reventada: le dolía la cabeza, las piernas y el coño. Realmente la polla de Frank era MUY grande.
Se levantó y se miró al espejo, una pequeña mancha de sangre en su nariz la intranquilizó. ¿Como había sido capaz de meterse una raya? Estaba claro que ayer había estado fuera de sí...
Bajó a desayunar y se tomó una aspirina para aliviarse.
Durante el día, comenzó a fijarse en su hermana pensando en las palabras de Frank, ¿Deberia hablar con ella? Pero... ¿Que le diría?
"Oye, que este chico que se folla a tu madre y además a tu hermana, me ha dicho una cosa sobre ti que me ha preocupado"
Era ridículo...
También observó a su madre. ¿Que diría si se enterase de todo? ¿Se sentiría avergonzada ante su hija? ¿Se sentiría celosa? ¿Se enfadaría con ella? Ni lo sabía ni lo quería saber...
Bip Bip.
Su móvil. Otro mensaje de Gonzalo. Se arrepentía mucho de lo que hizo el fin de semana anterior, había sido un error terrible. Solo había servido para hacerle daño a ella y a él. No le contestó, pensó que lo mejor era alejarse definitivamente de él.
Pasó el sábado entero descansando, tirada en el sofá, recordando la noche anterior. El domingo solamente salió a correr para que la diese un poco el aire y cuando llegó a casa tenia un nuevo mensaje.
"Que pesado es Gonzalo" Pensó. Pero cuando vio lo que ponía se puso pálida.
Hija de la gran puta, cuando te encuentre te voy a matar. Eres una zorra de mierda.
Era un número desconocido. Se intentó tranquilizar pensando que se habrían equivocado.
Creo que te has confundido. - Escribió.
¿Acaso no eres Alicia?
Ahora sí. Dejó caer el móvil al suelo de la impresión. ¿Que cojones estaba pasando?
No contestó más. Dejó el móvil en la habitación y pasó el resto del día encerrada allí, preocupada.
El lunes fue a la universidad nerviosa, desconcertada. Al principio estaba atenta a todo el mundo pero a lo largo del día se fue calmando. Todo parecía normal, no veía nada ni nadie raro... Seguro que había sido algún tipo de broma.
El martes, a mitad de la mañana sonó su móvil y soltó un pequeño gritito de miedo debido al sobresalto. Cuando el profesor y los compañeros dejaron de observarla se atrevió a mirar el mensaje. Una indescriptible sensación de alivio la embargó cuando vio que no era el número desconocido, sino Frank.
Ven a tu casa ahora mismo. Me da igual lo que estés haciendo. No entres, acercate por la ventana de atrás y espera. Voy a estrenar algo y quiero que lo veas.
¿Queria que saliese de clase así por que si? No... No podía... Aunque...
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Tardó menos de lo que pensaba, a esas horas no había tráfico. Rodeó silenciosamente la casa y se situó donde el chico le había dicho.
Ahí estaba.
A través de la ventana podía ver el salón perfectamente y Frank estaba sentado en el sofá. Cuando la vio, le hizo un ligero movimiento de cabeza y le guiñó un ojo.
Alicia estuvo observando unos minutos en los que no pasaba nada hasta que vio como el chico sacaba el móvil.
Bip Bip.
La había escrito a ella.
¿Has sido una chica buena? ¿Has aprendido la lección? ¿O te has puesto unas putas bragas de nuevo?
Se puso roja como un tomate, por un lado por lo que iba a hacer ahora mismo, por otro por haber cometido el mismo error dos veces. Por suerte llevaba una minifalda vaquera, lo que facilitaría la tarea. Se apartó de la ventana y se quitó las bragas enseguida. Blancas, de algodón... de Hello Kitty... Se avergonzó un poco más...
Volvió a mirar por la ventana y enseño un segundo a Frank las bragas en su mano, antes de guardarlas en su mochila. Todo seguía igual excepto....
Excepto que su madre estaba entrando por la puerta.
Alicia se asustó por si la veía, intentó esconderse lo más posible pero le resultó imposible dejar de mirar. Nunca había visto así a su madre...
Llevaba puesto un conjunto de lencería negro, con ribetes rojos, a juego con el color de su pintalabios. Llevaba una mezcla de sujetador y corpiño de encaje, que la cubría hasta un poco por encima del ombligo, un liguero sujetando unas medias negras a medio muslo, un tanga diminuto y unos tacones de aguja de vértigo. El pelo suelto le caía sobre los hombros.
Llevaba en las manos un bote de cerveza y otro bote que Alicia no sabia bien lo que era. Se sentó al lado de Frank dándole la cerveza y dejó el otro bote a un lado. El chico la besó, abrió la lata y se acomodó. Estuvieron hablando unos minutos mientras Elena le acariciaba melosa.
"¿Que estarán hablando?" Se preguntaba Alicia. Aunque ya había visto a Frank con su madre, no dejaba de resultar impactante. Sabia perfectamente lo que iba a pasar, pero esa certeza no rebajó la extraña sensación que recorrió su cuerpo cuando vio como su madre bajaba los pantalones del chico y cogía su enorme polla entre sus manos. Se sentía rara... Era una mezcla de humillación, vergüenza, excitación y... celos... Se imaginaba a ella en el lugar de su madre.
Elena estaba reclinada sobre el regazo de Frank, comenzando a masturbarle lentamente mientras con la lengua recorría el glande del chico. Su culo estaba a la altura y distancia perfecta para que el negro tuviese total acceso a él, cosa que no desaprovecho. Agarraba sus nalgas con ansia, con pasión, de vez en cuando soltaba algún azote que Alicia escuchaba ahogado a través de la ventana.
La chica, hipnotizada ya ante la depravación de la escena que estaba contemplando, se comenzó a fijar en la maestría de su madre. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, comenzó a introducir la tranca en su boca hasta que la tuvo completamente dentro. Aguantó unos segundos y comenzó un movimiento de vaivén, arriba y abajo. La sacaba entera, lamía el glande y volvía a tragársela hasta el fondo.
Frank miraba de vez en cuando hacia la ventana y sonreía viendo como la chica no perdía ojo del espectáculo que tenia delante. Apartó un poco el tanga de Elena y comenzó a acariciar su coño, notando complacido que estaba empapado. A los pocos segundos las caderas de la mujer empezaron a acompañar el movimiento de su mano, acompasando la mamada, manteniendo el ritmo.
Alicia no se lo podía creer, su madre se movía como una gata en celo, cada vez más agitada mientras ese cabrón bebía tranquilamente de la lata de cerveza.
Pasaron unos minutos en los que su madre no despegó los labios ni un segundo del rabo de Frank, hasta que el chico tirándola ligeramente del pelo hacia arriba, la indicó que parase.
Elena esperó arrodillada en el sofá mientras su amante rebuscaba algo.
"No puede ser... Eso no... Mi madre no..." Pensó Alicia cuando veía como el chico sacaba el espejito y preparaba un par de rayas.
Elena esnifó la suya sin dudar un segundo, lo que hizo pensar a su hija que no era la primera vez...
Frank se levantó, acarició la cabeza de Elena como si fuera la de su mascota y ésta inmediatamente se apoyó sobre el respaldo del sofá, lo que dejaba su culo en pompa y a disposición del chico.
El negro cogió el bote que había traído la mujer y comenzó a manipularlo, pero Alicia había visto algo raro y no podía apartar la mirada.
Su madre tenia un tatuaje en la nalga izquierda. No lo sabía, nunca se lo había visto ni se lo había oído mencionar. Parecía una pica, como las de la baraja de poker, pero no lo veía bien. Entonces Frank la sacó de sus pensamientos. Se situó tras su madre y, después de darle un fuerte azote que incluso la dejó marca, comenzó a untarle el contenido del bote en... en... en el culo...
¡Ese cerdo iba a sodomizar a su madre! ¡Y la había llamado para que lo viera! Voy a estrenar algo, le había dicho... Alicia estaba roja de rabia, pero la situación era tan depravada y morbosa que no podía apartar la mirada... Estaba cachondísima...
Elena se separó ella misma las nalgas, mostrando a su hombre el camino que debía seguir, mostrando su rosado y cerrado ojete, preparado para que esa enorme polla lo reventara.
Frank se embadurnó el rabo con el lubricante y después metió un par de dedos en el culo de Elena. Ésta estaba inmóvil, esperando pacientemente su desvirgación anal. Alicia vio perfectamente como el hombre apoyaba la punta de su polla y, lentamente, muy lentamente, comenzaba a introducirla. Su madre se tensó, Frank se detuvo unos segundos, la acarició la espalda para tranquilizarla y después continuó.
Centímetro a centímetro desaparecía en las entrañas de Elena. Alicia se fijó en su cara, tenía los ojos fuertemente cerrados y mordía la tela del sofa, pero no se quejaba, aguantaba estoicamente la brutal invasión en su recto. Cuando la pelvis de Frank chocó contra Elena, ésta soltó un gemido mezcla de dolor y alivio: ya había entrado entera.
El negro sacó lentamente la tranca y la volvió a introducir. Cada repetición aumentaba el ritmo ligeramente, estando al poco tiempo sodomizando a Elena violentamente. Esta se había soltado las nalgas para agarrarse con fuerza al respaldo del sofá, Alicia pensó que lo iba a arrancar.
Pero la expresión de su cara estaba cambiando. Mantenía la boca ligeramente abierta, dejando escapar pequeños suspiros y miraba hacia el fondo de la sala sin enfocar. Sus tetas se bamboleaban de un lado a otro y al poco los suspiros se convirtieron en sonoros gemidos que incluso Alicia podía oir.
No podía creer que estuviese viendo impasible como un chaval rompía el culo de su madre y ésta lo permitía y lo disfrutaba, pero era un hecho, y lo peor de todo es que la escena la excitaba. Sus manos levantaron la falda y rápidamente encontraron su coño empapado. Se movió veloz, buscando su clítoris, sin andarse con rodeos y rápidamente tubo un orgasmo en el que se tuvo que tapar la boca para no hacer ruido, mientras veía como Frank gritaba como un animal mientras derramaba todo su semen dentro del culo de su madre.
El negro sacó el móvil, la polla e hizo una foto para recordar el momento.
Bip Bip.
El móvil de Alicia.
Lo cogió con la mano todavía pringada de su flujo y vio que aquel cabrón le había enviado la foto que acababa de hacer.
Se veía la polla de Frank sobre el ojete completamente abierto y enrojecido de su madre. Un hilo de semen colgaba desde el glande hasta el interior de aquel pozo sin fondo. Y se veía la cara de su madre, deshecha y deslavazada, pero satisfecha.
Ahora pudo contemplar el tatuaje con claridad, efectivamente era una pica negra, pero dentro tenía pintada un F mayúscula.
¿Ese cabrón le ha tatuado su inicial a su madre? ¿En el culo? ¡Como si fuera de su propiedad! ¡Como a una vulgar zorra!
La ira la embargaba.
"Pues claro que es de su propiedad, imbécil" Decía una voz en su cabeza. "No hay mas que verla... Y tu estás deseando seguir el mismo camino..." Ese pensamiento había salido de lo mas hondo de su mente, dando forma a una idea que sabia cierta pero que (todavía) no aceptaba.
La ira se convirtió en vergüenza, miró a su madre, todavía tirada en la misma postura. Su ojete esta recuperando su tamaño normal y parte de la corrida del negro comenzaba a resbalar por sus muslos. Entonces sonó el timbre.
Alicia se sobresaltó, pero Elena no mostró ningún tipo de inquietud por estar como estaba. Frank fue a abrir la puerta. La chica rodeó la casa para ver quien era. Casi se cae de culo alnver que era Gonzalo.
Frank salió de la casa y cerró la puerta tras él, Alicia no era capaz de escuchar lo que estaban hablando, pero veía que Frank negaba con la cabeza.
Verles uno al lado del otro le hizo conpararles inevitablemente, Gonzalo era guapo, delgado y atlético, no le sobraba ni pizca de grasa. Frank era un poco mas alto y tampoco le sobraba un gramo. La diferencia estaba en que Frank era mucho más musculoso, tenía mas espaldas que su ex novio.
"Es mucho más hombre..." Pensó.
Gonzalo parecía decepcionado, dio media vuelta y se fue.
Alicia le dejó alejarse unos segundos y después salió tras él.
- ¡Gonzalo!
- A-Alicia. Frank me dijo que no estabas.
- Estaba llegando y vi como te marchabas... ¿Que quieres?
- Hablar contigo, no me coges el teléfono, ni contestas mis mensajes... No se nada de ti desde...
- No te molestes. - Cortó la chica. - Fue un error. Me equivoqué y además te metí en un lío. Ahora tienes novia y yo... He sido una imbécil. No debí llamarte...
- Yo ya... Ya no tengo novia. Lo he dejado con Rebeca.
- ¿Qué? ¿Por qué has hecho eso?
- ¡Por ti! Joder, ¿Que esperabas? Hace meses me dejaste en la estacada y ahora, cuando por fin estaba rehaciendo mi vida, cuando empezaba a levantar el vuelo, vuelves. ¿Que querías que hiciera?
- Yo... L-Lo siento...
- Después de lo del otro día me di cuenta de que estaba viviendo un engaño. Y estaba arrastrando a Rebeca a él. Ella no se merecía esto, así que lo hablé con ella. Todo ha terminado, ahora lo único que quiero es estar contigo.
Alicia estaba asustada y arrepentida, ¿En qué momento se le ocurrió llamar a su ex? Había cometido un error horrible.
- Gonzalo, yo... Lo siento... De verdad que lo siento, pero...
- No me digas pero. Por favor. Te quiero Alicia. Nunca he dejado de quererte, y se que tu también sientes algo por mí.
- No... Yo no... Gonzalo por favor, no sigas...
- La semana pasada viniste a mí, me buscaste y me hiciste ver la realidad. No intentes ocultarlo, yo te quiero y tu me quieres, volvamos a lo que teníamos antes, volvamos a intentarlo.
- Gonzalo... No puedo... Hay...
- ¿Hay que? - El chico la miró y entonces comprendió. - ¿Otro? ¿Hay otro? ¿Y lo del otro día? ¿Ya estabas con él? ¿O empezaste con él justo después de chuparmela?
Alicia se puso roja. Gonzalo estaba poniéndose furioso.
- No lo entiendes. No es tan fácil.
- ¿Que no es tan fácil? ¿Por que me buscaste el otro día? ¿Para comparar? ¿O por que llevabas tanto tiempo sin follar que querías calentar? - Alicia bajó la mirada. - Eres una jodida zorra. Y pensar que he dejado a Rebeca por ti...
Alicia se fijó en el chico. Estaba cabreado pero sus ojos estaban enrojecidos y humedos.
- Solo una pregunta - continuó. - ¿Que tiene el que no tenga yo?
A la cabeza de Alicia vinieron los orgasmos y la excitación que le había provocado Frank, la sensación de sentirse protegida por un verdadero hombre, de sentirse... sometida a él...
"¿Por donde empiezo?" pensó. Pero no dijo nada y se dio la vuelta, dejando al chico sólo en mitad de la calle.
Claudia llegó a casa después de ver como su hermana discutía con su ex en mitad de la calle. No se había acercado a ellos, no quería entrometerse. Cuando fue a abrir la puerta, Frank la abrió desde el otro lado.
- ¡Ah! Hola Frank. No sabía que estabas en casa. ¿Ya te vas?
- Si, ya he acabado con lo que tenía que hacer. ¿Has hecho novillos para ir de compras? - Preguntó, señalando una pequeña bolsa negra que llevaba la chica.
- Si, necesitaba algunas cosillas nuevas. - Contestó, guiñando un ojo al negro. - ¿Esta mi madre en casa?
- Si, pero no te preocupes, está un poco cansada, no creo que se fije mucho.
- Perfecto... Bueno, pues ya nos veremos.
- Si, sale recuerdos a tu hermana de mi parte.
Claudia entró y vio a su madre andando hacia la cocina. Caminaba de manera extraña, como si le molestase algo.
- Hola mamá. - Saludó escondiendo un poco la bolsa. - ¿Te pasa algo? Andas de forma extraña...
- No te preocupes hija, me he hecho daño haciendo unos ejercicios de yoga...
- Yoga... Claro... No se como no se me había ocurrido. - Claudia mostró una sonrisa mientras hablaba. - Subo a mi habitación, ¿De acuerdo?
- Vale hija, voy a preparar la comida.
Claudia subió a su cuarto y escondió la bolsa en el fondo del armario mientras oía como su hermana llegaba a casa.
Sacó el móvil y escribió un mensaje.
- ¿Habeis tenido una mañana dura mi madre y tu? La has reventado, no podía ni andar.
Como única respuesta le llegó una foto. Una foto con su madre arrodillada, con el ojete obscenamente abierto y lleno de semen en primer plano.
Claudia se rió ligeramente, echó el móvil a un lado de la cama y se puso el pijama.
Se levantó y se miró al espejo, una pequeña mancha de sangre en su nariz la intranquilizó. ¿Como había sido capaz de meterse una raya? Estaba claro que ayer había estado fuera de sí...
Bajó a desayunar y se tomó una aspirina para aliviarse.
Durante el día, comenzó a fijarse en su hermana pensando en las palabras de Frank, ¿Deberia hablar con ella? Pero... ¿Que le diría?
"Oye, que este chico que se folla a tu madre y además a tu hermana, me ha dicho una cosa sobre ti que me ha preocupado"
Era ridículo...
También observó a su madre. ¿Que diría si se enterase de todo? ¿Se sentiría avergonzada ante su hija? ¿Se sentiría celosa? ¿Se enfadaría con ella? Ni lo sabía ni lo quería saber...
Bip Bip.
Su móvil. Otro mensaje de Gonzalo. Se arrepentía mucho de lo que hizo el fin de semana anterior, había sido un error terrible. Solo había servido para hacerle daño a ella y a él. No le contestó, pensó que lo mejor era alejarse definitivamente de él.
Pasó el sábado entero descansando, tirada en el sofá, recordando la noche anterior. El domingo solamente salió a correr para que la diese un poco el aire y cuando llegó a casa tenia un nuevo mensaje.
"Que pesado es Gonzalo" Pensó. Pero cuando vio lo que ponía se puso pálida.
Hija de la gran puta, cuando te encuentre te voy a matar. Eres una zorra de mierda.
Era un número desconocido. Se intentó tranquilizar pensando que se habrían equivocado.
Creo que te has confundido. - Escribió.
¿Acaso no eres Alicia?
Ahora sí. Dejó caer el móvil al suelo de la impresión. ¿Que cojones estaba pasando?
No contestó más. Dejó el móvil en la habitación y pasó el resto del día encerrada allí, preocupada.
El lunes fue a la universidad nerviosa, desconcertada. Al principio estaba atenta a todo el mundo pero a lo largo del día se fue calmando. Todo parecía normal, no veía nada ni nadie raro... Seguro que había sido algún tipo de broma.
El martes, a mitad de la mañana sonó su móvil y soltó un pequeño gritito de miedo debido al sobresalto. Cuando el profesor y los compañeros dejaron de observarla se atrevió a mirar el mensaje. Una indescriptible sensación de alivio la embargó cuando vio que no era el número desconocido, sino Frank.
Ven a tu casa ahora mismo. Me da igual lo que estés haciendo. No entres, acercate por la ventana de atrás y espera. Voy a estrenar algo y quiero que lo veas.
¿Queria que saliese de clase así por que si? No... No podía... Aunque...
-----------------
Tardó menos de lo que pensaba, a esas horas no había tráfico. Rodeó silenciosamente la casa y se situó donde el chico le había dicho.
Ahí estaba.
A través de la ventana podía ver el salón perfectamente y Frank estaba sentado en el sofá. Cuando la vio, le hizo un ligero movimiento de cabeza y le guiñó un ojo.
Alicia estuvo observando unos minutos en los que no pasaba nada hasta que vio como el chico sacaba el móvil.
Bip Bip.
La había escrito a ella.
¿Has sido una chica buena? ¿Has aprendido la lección? ¿O te has puesto unas putas bragas de nuevo?
Se puso roja como un tomate, por un lado por lo que iba a hacer ahora mismo, por otro por haber cometido el mismo error dos veces. Por suerte llevaba una minifalda vaquera, lo que facilitaría la tarea. Se apartó de la ventana y se quitó las bragas enseguida. Blancas, de algodón... de Hello Kitty... Se avergonzó un poco más...
Volvió a mirar por la ventana y enseño un segundo a Frank las bragas en su mano, antes de guardarlas en su mochila. Todo seguía igual excepto....
Excepto que su madre estaba entrando por la puerta.
Alicia se asustó por si la veía, intentó esconderse lo más posible pero le resultó imposible dejar de mirar. Nunca había visto así a su madre...
Llevaba puesto un conjunto de lencería negro, con ribetes rojos, a juego con el color de su pintalabios. Llevaba una mezcla de sujetador y corpiño de encaje, que la cubría hasta un poco por encima del ombligo, un liguero sujetando unas medias negras a medio muslo, un tanga diminuto y unos tacones de aguja de vértigo. El pelo suelto le caía sobre los hombros.
Llevaba en las manos un bote de cerveza y otro bote que Alicia no sabia bien lo que era. Se sentó al lado de Frank dándole la cerveza y dejó el otro bote a un lado. El chico la besó, abrió la lata y se acomodó. Estuvieron hablando unos minutos mientras Elena le acariciaba melosa.
"¿Que estarán hablando?" Se preguntaba Alicia. Aunque ya había visto a Frank con su madre, no dejaba de resultar impactante. Sabia perfectamente lo que iba a pasar, pero esa certeza no rebajó la extraña sensación que recorrió su cuerpo cuando vio como su madre bajaba los pantalones del chico y cogía su enorme polla entre sus manos. Se sentía rara... Era una mezcla de humillación, vergüenza, excitación y... celos... Se imaginaba a ella en el lugar de su madre.
Elena estaba reclinada sobre el regazo de Frank, comenzando a masturbarle lentamente mientras con la lengua recorría el glande del chico. Su culo estaba a la altura y distancia perfecta para que el negro tuviese total acceso a él, cosa que no desaprovecho. Agarraba sus nalgas con ansia, con pasión, de vez en cuando soltaba algún azote que Alicia escuchaba ahogado a través de la ventana.
La chica, hipnotizada ya ante la depravación de la escena que estaba contemplando, se comenzó a fijar en la maestría de su madre. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, comenzó a introducir la tranca en su boca hasta que la tuvo completamente dentro. Aguantó unos segundos y comenzó un movimiento de vaivén, arriba y abajo. La sacaba entera, lamía el glande y volvía a tragársela hasta el fondo.
Frank miraba de vez en cuando hacia la ventana y sonreía viendo como la chica no perdía ojo del espectáculo que tenia delante. Apartó un poco el tanga de Elena y comenzó a acariciar su coño, notando complacido que estaba empapado. A los pocos segundos las caderas de la mujer empezaron a acompañar el movimiento de su mano, acompasando la mamada, manteniendo el ritmo.
Alicia no se lo podía creer, su madre se movía como una gata en celo, cada vez más agitada mientras ese cabrón bebía tranquilamente de la lata de cerveza.
Pasaron unos minutos en los que su madre no despegó los labios ni un segundo del rabo de Frank, hasta que el chico tirándola ligeramente del pelo hacia arriba, la indicó que parase.
Elena esperó arrodillada en el sofá mientras su amante rebuscaba algo.
"No puede ser... Eso no... Mi madre no..." Pensó Alicia cuando veía como el chico sacaba el espejito y preparaba un par de rayas.
Elena esnifó la suya sin dudar un segundo, lo que hizo pensar a su hija que no era la primera vez...
Frank se levantó, acarició la cabeza de Elena como si fuera la de su mascota y ésta inmediatamente se apoyó sobre el respaldo del sofá, lo que dejaba su culo en pompa y a disposición del chico.
El negro cogió el bote que había traído la mujer y comenzó a manipularlo, pero Alicia había visto algo raro y no podía apartar la mirada.
Su madre tenia un tatuaje en la nalga izquierda. No lo sabía, nunca se lo había visto ni se lo había oído mencionar. Parecía una pica, como las de la baraja de poker, pero no lo veía bien. Entonces Frank la sacó de sus pensamientos. Se situó tras su madre y, después de darle un fuerte azote que incluso la dejó marca, comenzó a untarle el contenido del bote en... en... en el culo...
¡Ese cerdo iba a sodomizar a su madre! ¡Y la había llamado para que lo viera! Voy a estrenar algo, le había dicho... Alicia estaba roja de rabia, pero la situación era tan depravada y morbosa que no podía apartar la mirada... Estaba cachondísima...
Elena se separó ella misma las nalgas, mostrando a su hombre el camino que debía seguir, mostrando su rosado y cerrado ojete, preparado para que esa enorme polla lo reventara.
Frank se embadurnó el rabo con el lubricante y después metió un par de dedos en el culo de Elena. Ésta estaba inmóvil, esperando pacientemente su desvirgación anal. Alicia vio perfectamente como el hombre apoyaba la punta de su polla y, lentamente, muy lentamente, comenzaba a introducirla. Su madre se tensó, Frank se detuvo unos segundos, la acarició la espalda para tranquilizarla y después continuó.
Centímetro a centímetro desaparecía en las entrañas de Elena. Alicia se fijó en su cara, tenía los ojos fuertemente cerrados y mordía la tela del sofa, pero no se quejaba, aguantaba estoicamente la brutal invasión en su recto. Cuando la pelvis de Frank chocó contra Elena, ésta soltó un gemido mezcla de dolor y alivio: ya había entrado entera.
El negro sacó lentamente la tranca y la volvió a introducir. Cada repetición aumentaba el ritmo ligeramente, estando al poco tiempo sodomizando a Elena violentamente. Esta se había soltado las nalgas para agarrarse con fuerza al respaldo del sofá, Alicia pensó que lo iba a arrancar.
Pero la expresión de su cara estaba cambiando. Mantenía la boca ligeramente abierta, dejando escapar pequeños suspiros y miraba hacia el fondo de la sala sin enfocar. Sus tetas se bamboleaban de un lado a otro y al poco los suspiros se convirtieron en sonoros gemidos que incluso Alicia podía oir.
No podía creer que estuviese viendo impasible como un chaval rompía el culo de su madre y ésta lo permitía y lo disfrutaba, pero era un hecho, y lo peor de todo es que la escena la excitaba. Sus manos levantaron la falda y rápidamente encontraron su coño empapado. Se movió veloz, buscando su clítoris, sin andarse con rodeos y rápidamente tubo un orgasmo en el que se tuvo que tapar la boca para no hacer ruido, mientras veía como Frank gritaba como un animal mientras derramaba todo su semen dentro del culo de su madre.
El negro sacó el móvil, la polla e hizo una foto para recordar el momento.
Bip Bip.
El móvil de Alicia.
Lo cogió con la mano todavía pringada de su flujo y vio que aquel cabrón le había enviado la foto que acababa de hacer.
Se veía la polla de Frank sobre el ojete completamente abierto y enrojecido de su madre. Un hilo de semen colgaba desde el glande hasta el interior de aquel pozo sin fondo. Y se veía la cara de su madre, deshecha y deslavazada, pero satisfecha.
Ahora pudo contemplar el tatuaje con claridad, efectivamente era una pica negra, pero dentro tenía pintada un F mayúscula.
¿Ese cabrón le ha tatuado su inicial a su madre? ¿En el culo? ¡Como si fuera de su propiedad! ¡Como a una vulgar zorra!
La ira la embargaba.
"Pues claro que es de su propiedad, imbécil" Decía una voz en su cabeza. "No hay mas que verla... Y tu estás deseando seguir el mismo camino..." Ese pensamiento había salido de lo mas hondo de su mente, dando forma a una idea que sabia cierta pero que (todavía) no aceptaba.
La ira se convirtió en vergüenza, miró a su madre, todavía tirada en la misma postura. Su ojete esta recuperando su tamaño normal y parte de la corrida del negro comenzaba a resbalar por sus muslos. Entonces sonó el timbre.
Alicia se sobresaltó, pero Elena no mostró ningún tipo de inquietud por estar como estaba. Frank fue a abrir la puerta. La chica rodeó la casa para ver quien era. Casi se cae de culo alnver que era Gonzalo.
Frank salió de la casa y cerró la puerta tras él, Alicia no era capaz de escuchar lo que estaban hablando, pero veía que Frank negaba con la cabeza.
Verles uno al lado del otro le hizo conpararles inevitablemente, Gonzalo era guapo, delgado y atlético, no le sobraba ni pizca de grasa. Frank era un poco mas alto y tampoco le sobraba un gramo. La diferencia estaba en que Frank era mucho más musculoso, tenía mas espaldas que su ex novio.
"Es mucho más hombre..." Pensó.
Gonzalo parecía decepcionado, dio media vuelta y se fue.
Alicia le dejó alejarse unos segundos y después salió tras él.
- ¡Gonzalo!
- A-Alicia. Frank me dijo que no estabas.
- Estaba llegando y vi como te marchabas... ¿Que quieres?
- Hablar contigo, no me coges el teléfono, ni contestas mis mensajes... No se nada de ti desde...
- No te molestes. - Cortó la chica. - Fue un error. Me equivoqué y además te metí en un lío. Ahora tienes novia y yo... He sido una imbécil. No debí llamarte...
- Yo ya... Ya no tengo novia. Lo he dejado con Rebeca.
- ¿Qué? ¿Por qué has hecho eso?
- ¡Por ti! Joder, ¿Que esperabas? Hace meses me dejaste en la estacada y ahora, cuando por fin estaba rehaciendo mi vida, cuando empezaba a levantar el vuelo, vuelves. ¿Que querías que hiciera?
- Yo... L-Lo siento...
- Después de lo del otro día me di cuenta de que estaba viviendo un engaño. Y estaba arrastrando a Rebeca a él. Ella no se merecía esto, así que lo hablé con ella. Todo ha terminado, ahora lo único que quiero es estar contigo.
Alicia estaba asustada y arrepentida, ¿En qué momento se le ocurrió llamar a su ex? Había cometido un error horrible.
- Gonzalo, yo... Lo siento... De verdad que lo siento, pero...
- No me digas pero. Por favor. Te quiero Alicia. Nunca he dejado de quererte, y se que tu también sientes algo por mí.
- No... Yo no... Gonzalo por favor, no sigas...
- La semana pasada viniste a mí, me buscaste y me hiciste ver la realidad. No intentes ocultarlo, yo te quiero y tu me quieres, volvamos a lo que teníamos antes, volvamos a intentarlo.
- Gonzalo... No puedo... Hay...
- ¿Hay que? - El chico la miró y entonces comprendió. - ¿Otro? ¿Hay otro? ¿Y lo del otro día? ¿Ya estabas con él? ¿O empezaste con él justo después de chuparmela?
Alicia se puso roja. Gonzalo estaba poniéndose furioso.
- No lo entiendes. No es tan fácil.
- ¿Que no es tan fácil? ¿Por que me buscaste el otro día? ¿Para comparar? ¿O por que llevabas tanto tiempo sin follar que querías calentar? - Alicia bajó la mirada. - Eres una jodida zorra. Y pensar que he dejado a Rebeca por ti...
Alicia se fijó en el chico. Estaba cabreado pero sus ojos estaban enrojecidos y humedos.
- Solo una pregunta - continuó. - ¿Que tiene el que no tenga yo?
A la cabeza de Alicia vinieron los orgasmos y la excitación que le había provocado Frank, la sensación de sentirse protegida por un verdadero hombre, de sentirse... sometida a él...
"¿Por donde empiezo?" pensó. Pero no dijo nada y se dio la vuelta, dejando al chico sólo en mitad de la calle.
Claudia llegó a casa después de ver como su hermana discutía con su ex en mitad de la calle. No se había acercado a ellos, no quería entrometerse. Cuando fue a abrir la puerta, Frank la abrió desde el otro lado.
- ¡Ah! Hola Frank. No sabía que estabas en casa. ¿Ya te vas?
- Si, ya he acabado con lo que tenía que hacer. ¿Has hecho novillos para ir de compras? - Preguntó, señalando una pequeña bolsa negra que llevaba la chica.
- Si, necesitaba algunas cosillas nuevas. - Contestó, guiñando un ojo al negro. - ¿Esta mi madre en casa?
- Si, pero no te preocupes, está un poco cansada, no creo que se fije mucho.
- Perfecto... Bueno, pues ya nos veremos.
- Si, sale recuerdos a tu hermana de mi parte.
Claudia entró y vio a su madre andando hacia la cocina. Caminaba de manera extraña, como si le molestase algo.
- Hola mamá. - Saludó escondiendo un poco la bolsa. - ¿Te pasa algo? Andas de forma extraña...
- No te preocupes hija, me he hecho daño haciendo unos ejercicios de yoga...
- Yoga... Claro... No se como no se me había ocurrido. - Claudia mostró una sonrisa mientras hablaba. - Subo a mi habitación, ¿De acuerdo?
- Vale hija, voy a preparar la comida.
Claudia subió a su cuarto y escondió la bolsa en el fondo del armario mientras oía como su hermana llegaba a casa.
Sacó el móvil y escribió un mensaje.
- ¿Habeis tenido una mañana dura mi madre y tu? La has reventado, no podía ni andar.
Como única respuesta le llegó una foto. Una foto con su madre arrodillada, con el ojete obscenamente abierto y lleno de semen en primer plano.
Claudia se rió ligeramente, echó el móvil a un lado de la cama y se puso el pijama.
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martes, 4 de noviembre de 2014
Mi madre y el negro IV: Caída
La chica no podía ni mirar a su madre a la cara, pasaba los días evitándola. El pensamiento de que habían compartido al mismo hombre la hacía sentir como una zorra, ¿Deberia hablar con ella? No, eso no... No sabría ni como decírselo, además, no estaba segura de lo que sentía... ¿Estaba enfadada consigo misma? ¿Con su madre? ¿Con Frank? Estaba... ¿Celosa?
Lo que si se convirtió en rutina fue la compañía nocturna de Manolo. Cada noche se masturbaba con el vibrador hasta saciarse, a veces incluso se había quedado dormida con el en la mano.
Los días siguientes en la universidad estaba como ausente. Los profesores la llamaban la atención en clase, llegaba tarde y no cogía apuntes. Tampoco había borrado las fotos. Sabía que no debían estar ahí, sobre todo la de su madre, que si alguien le cogía el móvil...
Había recibido varias llamadas de Gonzalo, pero no se las había cogido. Entre la vergüenza de lo que había hecho, y la decepción de después no tenia ganas de hablar con el.
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- Esta tarde va a venir Frank a llevarse unos muebles viejos. - Informó Elena el viernes por la mañana.
Alicia se tensó sobre el desayuno y no respondió.
- ¿No te quejas, Alicia? ¿Ni siquiera un mohín? Debes estar madurando por fin. - Le dijo su madre con sorna.
- No quiero molestarme ni en hablar de él. - Dijo Alicia.
Pero mentía.
Se pasó el resto del día pensando en la tarde, no le había visto desde que le hizo la mamada, y no sabia muy bien como reaccionar. Incluso se cambió la ropa interior por algo más... interesante.
Cuando llegó estaba preparada para contestarle cuando se metiera con ella, pero se quedó con la boca abierta cuando la saludó con un simple "Hola, Ali". No la hizo demasiado caso en toda la tarde, casi ni la miraba. En cambio, a su madre y a su hermana si les prestaba atención. Sobre todo a su madre...
Los cuchicheos, miradas y risas cómplices se repitieron varias veces, incluso vio como la mano del chico se deslizaba por las nalgas de su madre un par de veces sin que ésta hiciera nada por impedirlo.
¿Por que se estaba comportando así? ¿Habia hecho algo mal?
Cuando el chico se fue, Alicia salió detrás, agobiada por la situacion, y le interceptó en la calle.
- ¡Frank!
El chico se detuvo, pero no se dio la vuelta. Cuando Alicia le alcanzó continuó andando.
- ¿Que quieres? - Preguntó.
- Yo... - No sabía que decir, en ningún momento había pensado en ello. Guardó silencio ybno acabó la frase.
- Si no tienes nada que decir no me molestes, tengo algo de prisa.
- ¡Espera! - Se situó ante él, impidiéndole caminar. - ¿He hecho algo mal? No se por qué te comportas así conmigo...
- ¿Desde cuando te importa como me comporto contigo? Nunca me has soportado.
Alicia bajó la mirada, le gustaría desaparecer, salir de su cuerpo y no escuchar lo que iba a decir en ese momento.
- Es cierto pero... Ya no...
- ¿Ya no? ¿Desde cuando?
- Desde... Desde lo del otro día...
- Cuando, ¿Cuando te tragaste mi lefa? - El chico levantó la cara de Alicia, la obligó a mirarle. - ¿O cuando viste como me follaba a tu madre?
La cara de la chica se puso roja.
- Por favor... Dime que he hecho para que ahora ni me mires...
Frank puso cara de severidad, pero una inmensa satisfacción le embargaba. Estaba esperando que Alicia rompiese la máscara de orgullo que exhibía y fuese ella la que le buscase.
- Eres una arrogante, siempre lo has sido. Nunca me has soportado y ahora, por que a ti te apetece, ¿Tengo que ir detrás tuya? Las cosas no funcionan así. Puedo tener a todas las zorras que quiera sin despeinarme. En tu propia casa sin ir mas lejos...
Nuevamente esa sensación de indignación y celos embargó a la chica.
- ¿Y que quieres que haga? Dame una oportunidad...
Frank la miró fijamente. Estaba sorprendido de lo rápido que había cedido aunque claro, conociendo como era su madre tampoco debia extrañarle...
- Sólo una. - Dijo. Alicia mostró su sonrisa. - Esta noche iremos de fiesta, según como te comportes veré si has dejado de ser una zorra arrogante.
- No te preocupes. - Contestó Alicia.
- Espero que te lo tomes en serio. Empezando por la ropa de mojigata que sueles llevar. - Diciendo eso, Frank la apartó a un lado y comenzó a andar. - A las once en punto te paso a buscar. No me hagas esperar.
- N-No... A-Adios...
Alicia se quedó en el sitio, algo confusa. Su cabeza estaba hecha un lío, ¿Por que se comportaba de esa manera con aquel cabrón? Hace tan solo unos días le odiaba, pero ahora ejercía sobre ella una fuerte atracción. Pensó en su madre y un atisbo de rabia y remordimiento apareció en su mente, pero lo desechó rápidamente. Estaba decidida.
Un poco antes de las once ya estaba preparada. Se había puesto un vestido negro ajustadísimo que sólo se había puesto una vez por que le parecía demasiado atrevido para ella. Era corto. Muy corto. Solo unos dedos de tela mantenian a salvo su intimidad. La vez que se lo puso, fue para dar una sorpresa a Gonzalo, y porque no iba a andar por la calle con él, se tiraron toda la noche en una habitación de hotel.
Se maquilló y se puso un bonito conjunto negro de encaje, sujetador y culotte. No se atrevió a ponerse un tanga con ese vestido. Unas medias de rejilla y unos tacones altos completaban un atuendo que pedía guerra a gritos.
Salió de casa intentando que no la viera su familia cuando vio llegar el coche de Frank.
- H-Hola. - Saludó tímida.
Frank la miró de arriba a abajo.
- Hola. Sientate.
Y sin decir nada más, arrancó.
Pasaron el trayecto en silencio, Alicia con la mirada baja, con las dudas sembrando su mente. Frank aparcó cerca de un local y rompió el silencio.
- Parece que estás dispuesta a seguir adelante con esto. Espero que te portes bien. Si es así, te aseguro que tu también lo pasarás bien. Dejate llevar y todo saldrá perfectamente. - Salió del coche y abrió la puerta de la chica. Nuevamente la miro de arriba a abajo. - Parece que tenías un fondo de armario mas interesante que la ropa de sosa que sueles llevar... - Guardó silencio durante unos segundos. - Vamos, me están esperando.
- ¿Q-Quien? ¿No vamos solos? - Preguntó Alicia, asustada.
- Si, pero tengo un asuntillo que tratar con mi camello.
El chico se dirigió a un callejón en el que había un enorme negro esperándole.
- Hola, Piernas, ¿Que tal todo?
Saludó al hombre con un afectuoso apretón de manos.
- Genial, y ya veo que a ti también te va bien. - Contestó el Piernas, comiéndose a Alicia con la mirada. La chica se ruborizó e intentó mirar hacia otro lado. Ese vestido la hacia sentirse desprotegida. - ¿Realmente es...?
- Si. - Cortó Frank. - Su hija. - Alicia soltó un extraño ruidito con la boca y miró a los hombres. - Aunque le queda mucho por aprender para ser como su madre.
- Pero ya te encargarás tu de eso, ¿No? - El Piernas se rió de su comentario.
- Si fuese fácil no sería divertido. ¿Has traído lo que te encargué?
- Por supuesto.
El hombre mostró dos bolsitas de plástico al chico que las cambió por algunos billetes.
- Me alegro de verte. - Dijo Frank. - Estaremos en contacto.
El Piernas no dijo nada, solo se dio la vuelta y se fue por el callejón.
- ¿Quien era ese? - Preguntó a Alicia. - ¿Por que hablabais de mi madre?
Frank no contestó. Se limitó a sonreír y entró en el local.
Nada mas entrar Alicia se dio cuenta de que iba a llamar la atención mas de lo que quería. Era un local de musica Funk y el vestido que llevaba llamaba la atención incluso más que normalmente. La hacía parecer una puta.
- ¡Frank! - El grito de una mujer sacó a Alicia de sus pensamientos.
La camarera salió de detrás de la barra y fue corriendo a saludar al chico con un apasionado morreo. Frank rodeó a la chica con sus manos y no perdió la ocasión de manosearle el culo.
Alicia sintió un arranque de celos.
- Me alegro de verte, Mina. ¿Que tal todo?
Alicia observó a la chica, llevaba unos pantalones anchos, de talle bajo que dejaban ver el tanga negro que llevaba, un top cortito, mostrando escote y ombligo y el pelo rubio y corto. Varios piercing adornaban su cara. No escuchaba lo que decían, pero entonces se dio cuenta de que la chica la estaba observando.
- ¿Una chica nueva? - Preguntó. - Es bastante guapa.
- Se llama Alicia. Todavía tengo que decidir si merece la pena...
- Hola Alicia. Soy Mina. - La camarera se acercó a saludar y, sin dar tiempo a ninguna reacción le plantó un húmedo beso en la boca. Alicia no supo como reaccionar ante aquella lengua que la invadía y tardó unos segundos en quitarse a la chica de encima.
- ¿Q-Que haces? - Protestó.
- ¿No ves? Aun está un poco verde. - Se excusó Frank. - Quédate aquí un momento, Ali. Enseguida vuelvo.
Alicia se sentía incómoda, ¿Como había accedido a meterse en ese lío?
- Venga chica, relajate. Mira, vamos a tomar algo, invita la casa.
- No, yo... Yo no quiero nada... - Alicia de planteaba seriamente la opción de irse, pero en seguida tenía un par de vasos de chupito frente a ella y una botella verde.
- ¿Has probado alguna vez el Jager?
- ¿Eh? No... Los chupitos no me suelen sentar bien, así que no los suelo tomar.
- Pues venga, de un trago. - Ante la mirada preocupada de la chica añadió. - ¿Acabas de llegar y ya estas poniendo pegas? ¡Animate!
Y brindando se tomó el suyo de un trago. Alicia la imitó, notando como algo parecido a fuego bajaba por su garganta.
- Aahhhggg. - Se quejó.
- Al principio cuesta, luego le coges el truco. - Llenó de nuevo los vasos. - ¡Para adentro!
Alicia pensó que si seguía así, la noche seria muy corta... Pero imitó a la rubia.
- Es increíble, ¿Verdad? - Preguntó la camarera después de unos segundos. Estaba mirando la botella con aire distraido.
- Yo no lo llamaría así... - Alicia se agarraba la garganta. - Abrasador, mas bien...
- ¿Eh? ¡No, tonta! Me refiero a Frank...
- Yo...
- Tiene algo... - Cortó Mina. - Absorbente... Su personalidad, su fuerza... Es imposible resistirse...
La chica miraba a la camarera intentando asimilar lo que le decía.
- Y el sexo con él... Buff... Es como una fuerza de la naturaleza...
- Yo... Yo no...
Mina la miró y Alicia pudo ver en sus ojos una sensación extraña. ¿Era compasión?
- ¿No has follado con él?
- Bueno... Mas o menos...
- ¿Mas o menos? En esto no hay medias tintas chica... O si... O no... - Comenzó a acercarse a Alicia. Puso una mano a cada lado de su cuerpo y comenzó a deslizarlas hacia abajo. - Cuando te toca... Cuando te toca puedes sentir que te posee, que eres completamente suya. Sus manos recorren tu cuerpo mientras deseas que no acabe nunca. - Las manos de Mina estaban ya sobre las caderas de Alicia, se había acercado tanto que estaba a pocos centímetros de su cara. Podía notar su respiración perfectamente. - En ese momento podrías hacer cualquier cosa que te pidiese... Venderías a tu madre para conseguir que te hiciese suya...
Alicia se estremeció, ¿Esa mención era casual? Miró a Mina a los ojos, esta se ladeó, vertiendo su aliento sobre el cuello descubierto de la chica, arrancándole un incontrolable suspiro.
- Y entonces viene lo mejor, notas como el monstruo crece poco a poco, lo tocas, lo sientes... Y cuando lo liberas... La maravillosa visión de esa enorme polla... Piensas que no vas a poder, que es enorme, que te va a partir en dos... - Las manos de Mina recorrían el cuerpo de la chica. Ésta recordó esa sensación cuando vio el tamaño del rabo de Frank... Realmente era enorme... - Pero lo deseas, deseas que te parta en dos... Que te taladre... Que te empale...
Mina llevó las manos al culo de Alicia y apretó las nalgas con fuerza, con deseo.
- ¿Eh? - Exclamó Mina, algo confusa. - ¿No te lo dijo Frank? Esto no le va a gustar...
- ¿E-El que? - Ahora la confundida era Alicia. Empezaba a sentirse algo mareada.
- Chicas, ¿Empezais la fiesta sin mi o que? - Frank acababa de llegar. - ¿Que tal se porta nuestra nueva amiga? - Preguntó a Mina.
- Es muy simpática. Y muy guapa. Siempre has tenido buen gusto.
Alicia se puso algo colorada, le estaba entrando calor.
- Te vamos a dejar sola un rato, preciosa. Vamos a divertirnos un poco, ¿Verdad, Ali?
- Eh... Si, claro...
Siguió a Frank hacia el centro de la pista mientras se comía la cabeza pensando que podía haber hecho mal. Cuando pararon, Frank se situó ante ella y, sujetándola por las caderas con voz seria dijo:
- Es tu última oportunidad de dar marcha atrás. Sal de aquí y convierte te en una mojigata insatisfecha, o quedare y disfruta.
La chica no dijo nada, miró a Frank a los ojos, recordando las palabras de Mina, notando sus fuertes manos sobre ella. No podía evitar pensar en el estado de excitación en que se encontraba desde su pequeña aventura voyeurista.
Comenzó a moverse al ritmo de la música. Primero suave, lentamente, casi por inercia. Después, ante la sonrisa de aprobación del chico, comenzó a arrimarse y a marcar mas sus movimientos.
Las manos de Frank pasaron de sus caderas a su espalda y de ahí, bajaron sin preámbulos a su culo.
- ¿Que coño es esto? - Preguntó apartándose de ella.
- ¿Q-Que? - Igual que Mina, Frank veía algo que Alicia no. - ¿Que ocurre?
- Te dije que tendrías que dejar de ser una mojigata, ¿Y traes puestas unas putas bragas?
- E-Es un culotte... Es de encaj...
- Me da igual lo que sea. Si quieres seguir con esto o llevas tanga o no llevas nada. Así que, a no ser que lleves un tanga escondido en el culo solo tienes dos opciones.
Alicia se quedó muda, las lágrimas acudieron a sus ojos, ¿Por que tenia que aguantar eso? Ese cabrón no volvería a verla. Se dio la vuelta y se dirigió a la salida.
Se paró a medio camino a secarse las lágrimas, y al volver a caminar, en vez de a la salida se dirigió al cuarto de baño.
Cuando Frank la vio aparecer con los ojos enrojecidos supo que la noche iba a ser muy divertida.
- Toma. - Dijo secamente Alicia, poniendo sus bragas en la mano del chico. - Y-Ya tienes lo que querías.
Frank se llevó las bragas a la nariz y aspiró.
- Mmmmm. Me encanta el olor a hembra cachonda... Estas caliente, ¿Verdad? Esto te gusta... Te estás comportando como una zorrita y eso te calienta...
Alicia apartó la mirada.
- Llévale esto a Mina y pídele un par de copas. - Dijo, devolviéndole las bragas.
La chica cerró los ojos, respiró hondo y se dirigió a la barra. Sin decir nada, sin mirar a la cara a Mina, le pidió las copas y puso las bragas sobre el mostrador.
- Te dije que no le gustaría. - Dijo, comprensiva. - Pero no te preocupes, en cuanto aprendas lo que le gusta que hagas y lo que no, todo será mas fácil. - Cogió las bragas y, al igual que Frank, se las llevó a la nariz. - No puedes negar que te gusta todo esto, ¿Verdad? - Acarició la mejilla de Alicia, la obligó a mirarla. - No te sientas mal, solo dejate llevar y disfruta.
Después del avergonzante momento de las bragas, todo se puso algo mejor. Las copas volaron y Alicia estaba algo borracha, lo que hizo que se desinhibiera bastante. Estuvieron bailando toda la noche, y las manos de Frank recorrieron entero el cuerpo de Alicia. Ésta estaba cada vez mas caliente, lo que hacia que cada vez buscara más el contacto con Frank, se restregaba contra el, notaba el enorme bulto en su entrepierna y buscaba el contacto.
- Frank... - Balbuceó.
- ¿Que pasa?
Alicia se lanzó al cuello de Frank, devorándolo, casi no era capaz de controlar sus actos, se dejaba llevar por el deseo. Apenas fue consciente de salir a la calle e introducirse en el callejón donde hablaron con el piernas.
- ¿Quieres que te folle, Ali? ¿Quieres que acabe lo que empezaste el otro día? - La mano de Frank se deslizaba bajo el vestido y exploraba el empapado sexo de la chica.
- Frank... No aguanto más... Necesito...
- ¿El que necesitas? ¿Eres una zorra y necesitas polla? ¿MI polla?
- Si... Por favor...
- Dilo.
- ¿El que?
El chico la miró fijamente en silencio, dejando de masturbarla. Alicia movía las caderas buscando de nuevo el contacto con el chico.
- ...Soy... Soy una zorra y necesito polla...
- ¿Que polla?
- Tu polla... Por favor...
Frank sonrió pero, en vez de lanzarse sobre ella se aparto y se acercó a un contenedor. Sacó un pequeño espejo y una bolsita y, en unos segundos, se estaba metiendo una raya de coca.
- Toma, aquí tienes la tuya. - Dijo a la chica. - Venga, te gustará.
Alicia, confundida, borracha y con una sola cosa en mente se colocó frente al espejito, dudando. La mano de Frank se introdujo en su entrepierna y comenzó a masturbarla de nuevo.
- Vamos zorrita, no tienes mas que aspirar.
Alicia estaba comenzando a gemir. Se agachó y, sin pensarlo mucho, esnifó entera la droga que tenia enfrente. Dolía. Le dolió la nariz, le dolió la cabeza y le dolió su orgullo. Nunca había probado las drogas, y ahí estaba ahora, a merced de aquél negro que hasta hace tan poco odiaba.
- Eso es, zorrita, ahora vamos a pasarlo bien.
Frank comenzó a besar el cuello de Alicia desde atrás, mientras restregaba su paquete por el culo de la chica. Los gemidos de Alicia cada vez eran mas audibles. Rápidamente comenzó a notar como el efecto del alcohol desaparecía de su cabeza gracias a la coca, pero el ansia por el sexo seguía ahí. Incluso mas fuerte que antes.
Se giró y se arrodilló ante Frank, apresurándose en liberar a la bestia que la esperaba. Miró a los ojos al chico mientras intentaba devorar aquella enorme polla. Le entraban arcadas pero no le importaba. La saliva se acumulaba en su boca y en la polla del chico, y escurría por su barbilla. Un pequeño hilillo de sangre salia de su nariz.
- Para ya. Quiero follarme a mi zorra.
Alicia se levantó inmediatamente, estaba nerviosa. Nerviosa y cachonda.
Frank levantó el vestido hasta las caderas y la obligó a inclinarse sobre el contenedor. La agarró del pelo, obligándola a levantar la cabeza y comenzó a penetrarla sin prisa pero sin pausa.
Los gemidos de Alicia dieron paso a pequeños grititos de dolor. Era enorme.
- No pares... - Decía. - Fóllame, párteme en dos... Fóllate a tu zorra.
Al oír esa palabra, Frank metió lo que restaba de su polla hasta el fondo y comenzó a bombear frenéticamente.
Los gritos de dolor de Alicia se tornaron nuevamente en gemidos mientras la sobrevenía un orgasmo tras otro. Por su ahora lucida mente pasaba un pensamiento tras otro. Se acordó de Gonzalo, pensó que había estado completamente equivocada toda su viva con respecto al sexo. Lo que tenía con el no era sexo, era un juego de niños comparado con ESTO.
Podía notar como la polla de Frank forzaba las paredes de su coño con cada embestida, como sus huevos chocaban contra ella. Se acordó de su madre, volvió a verla apoyada sobre el sofá, recibiendo el mismo tratamiento que estaba recibiendo ella en este momento.

Se sintió sucia. Se sintió zorra.
Se sintió SU zorra.
- ¿Te gusta puta? ¿Te gusta que te reviente?
- Mmmmm Siiiiii Ufff... Fóllame cabrón, no paressss.
- Eres igual que tu madre, remilgada al principio pero luego toda una puta. ¿No es así zorra? - Alicia casi no podía articular palabra. - ¡Contesta! - Ordenó, tirando más fuerte del pelo.
- ¡Sí! ¡Si! ¡Soy una zorra! ¡Soy una puta!
- ¿Como quien?
- ¡Como mi madre! ¡Soy una zorra como mi madre! ¡Soy tu zorra como mi madre!
Mientras decía esas palabras una enorme corrida le llenó las entrañas. Sentía perfectamente los espasmos que tenía la polla al descargar dentro de ella. Frank se apretó contra su culo y la penetró lo más profundo posible, soltando gemidos de placer y desahogo. Alicia se derrumbó sobre el contenedor jadeando, estaba agotada.
- No te relajes mucho, ¿Piensas dejarme así?
Frank agarró su polla y la sacudió ligeramente, dando a entender a la chica lo que quería que hiciera. Ésta, obediente, se arrodilló sobre el chico y comenzó a lamer el rabo hasta dejarlo limpio. Se levantó y se apoyó en la pared, le temblaban las piernas, nunca se había sentido tan satisfecha. Notaba como el semen comenzaba a resbalar por sus muslos.
- Espero que hayas disfrutado de la experiencia, zorra, por que va a ser la primera de muchas. Anda, pasa al servicio y limpiate un poco, no vas a subir así a mi coche.
Alicia le hizo caso y avanzó tambaleándose. No quiso mirar a nadie en el local, pero le dio la impresión de que Mina sonreía con la mirada fija en ella.
Se miró en el espejo. Tenia el rímel corrido y estaba despeinada, el vestido estaba descolocado y seguramente todos en el local la habían visto el culo. Parecía una verdadera puta.
Por un momento, en su reflejo vio a su madre en vez de así misma. Apartó la mirada. ¿Habria pasado por algo similar? ¿Se sentiría igual que ella ahora mismo?
Se sentía tan sucia.... Tan zorra...
Tenía la cabeza embotada por el alcohol y las drogas pero se sentía tan... bien...
-------------------------
- Ya hemos llegado. - Dijo Frank cuando llegaron a casa de Alicia. - Dentro de poco me pasaré por aquí otra vez, no me gusta dejar a mis zorritas desatendidas. - Alicia agachó la cabeza y se sonrojó. - Me encanta. Tres zorras viviendo bajo el mismo techo.
"¿Tres?"
- No metas a mi hermana en esto. - Replicó Alicia. No fue consciente de que con ese comentario aceptaba su condición y la de su madre.
- ¿Tu hermana? - Frank la miró sonriendo, cadí riéndose. - No tenías ni idea de quien era tu madre y no tienes ni idea de quien es tu hermana.
- ¡He dicho que no te acerques a ella! Por... Por favor... - Añadió, cuando se dio cuenta de que había elevado demasiado el tono.
- Tu hermana es mayorcita, y tiene perfectamente claro lo que quiere y deja de querer. Preocupate de ti misma y dejate de rollos... Anda, baja del coche.
Alicia bajó y Frank se fue. Se quedó unos segundos parada en la calle antes de entrar en su casa, intentando no despertar a nadie. Se quedó mirando la habitación de su hermana, pensando en las ultimas palabras de Frank, pero no le dio demasiadas vueltas. Estaba agotada y se fue a dormir enseguida.
Lo que si se convirtió en rutina fue la compañía nocturna de Manolo. Cada noche se masturbaba con el vibrador hasta saciarse, a veces incluso se había quedado dormida con el en la mano.
Los días siguientes en la universidad estaba como ausente. Los profesores la llamaban la atención en clase, llegaba tarde y no cogía apuntes. Tampoco había borrado las fotos. Sabía que no debían estar ahí, sobre todo la de su madre, que si alguien le cogía el móvil...
Había recibido varias llamadas de Gonzalo, pero no se las había cogido. Entre la vergüenza de lo que había hecho, y la decepción de después no tenia ganas de hablar con el.
--------------
- Esta tarde va a venir Frank a llevarse unos muebles viejos. - Informó Elena el viernes por la mañana.
Alicia se tensó sobre el desayuno y no respondió.
- ¿No te quejas, Alicia? ¿Ni siquiera un mohín? Debes estar madurando por fin. - Le dijo su madre con sorna.
- No quiero molestarme ni en hablar de él. - Dijo Alicia.
Pero mentía.
Se pasó el resto del día pensando en la tarde, no le había visto desde que le hizo la mamada, y no sabia muy bien como reaccionar. Incluso se cambió la ropa interior por algo más... interesante.
Cuando llegó estaba preparada para contestarle cuando se metiera con ella, pero se quedó con la boca abierta cuando la saludó con un simple "Hola, Ali". No la hizo demasiado caso en toda la tarde, casi ni la miraba. En cambio, a su madre y a su hermana si les prestaba atención. Sobre todo a su madre...
Los cuchicheos, miradas y risas cómplices se repitieron varias veces, incluso vio como la mano del chico se deslizaba por las nalgas de su madre un par de veces sin que ésta hiciera nada por impedirlo.
¿Por que se estaba comportando así? ¿Habia hecho algo mal?
Cuando el chico se fue, Alicia salió detrás, agobiada por la situacion, y le interceptó en la calle.
- ¡Frank!
El chico se detuvo, pero no se dio la vuelta. Cuando Alicia le alcanzó continuó andando.
- ¿Que quieres? - Preguntó.
- Yo... - No sabía que decir, en ningún momento había pensado en ello. Guardó silencio ybno acabó la frase.
- Si no tienes nada que decir no me molestes, tengo algo de prisa.
- ¡Espera! - Se situó ante él, impidiéndole caminar. - ¿He hecho algo mal? No se por qué te comportas así conmigo...
- ¿Desde cuando te importa como me comporto contigo? Nunca me has soportado.
Alicia bajó la mirada, le gustaría desaparecer, salir de su cuerpo y no escuchar lo que iba a decir en ese momento.
- Es cierto pero... Ya no...
- ¿Ya no? ¿Desde cuando?
- Desde... Desde lo del otro día...
- Cuando, ¿Cuando te tragaste mi lefa? - El chico levantó la cara de Alicia, la obligó a mirarle. - ¿O cuando viste como me follaba a tu madre?
La cara de la chica se puso roja.
- Por favor... Dime que he hecho para que ahora ni me mires...
Frank puso cara de severidad, pero una inmensa satisfacción le embargaba. Estaba esperando que Alicia rompiese la máscara de orgullo que exhibía y fuese ella la que le buscase.
- Eres una arrogante, siempre lo has sido. Nunca me has soportado y ahora, por que a ti te apetece, ¿Tengo que ir detrás tuya? Las cosas no funcionan así. Puedo tener a todas las zorras que quiera sin despeinarme. En tu propia casa sin ir mas lejos...
Nuevamente esa sensación de indignación y celos embargó a la chica.
- ¿Y que quieres que haga? Dame una oportunidad...
Frank la miró fijamente. Estaba sorprendido de lo rápido que había cedido aunque claro, conociendo como era su madre tampoco debia extrañarle...
- Sólo una. - Dijo. Alicia mostró su sonrisa. - Esta noche iremos de fiesta, según como te comportes veré si has dejado de ser una zorra arrogante.
- No te preocupes. - Contestó Alicia.
- Espero que te lo tomes en serio. Empezando por la ropa de mojigata que sueles llevar. - Diciendo eso, Frank la apartó a un lado y comenzó a andar. - A las once en punto te paso a buscar. No me hagas esperar.
- N-No... A-Adios...
Alicia se quedó en el sitio, algo confusa. Su cabeza estaba hecha un lío, ¿Por que se comportaba de esa manera con aquel cabrón? Hace tan solo unos días le odiaba, pero ahora ejercía sobre ella una fuerte atracción. Pensó en su madre y un atisbo de rabia y remordimiento apareció en su mente, pero lo desechó rápidamente. Estaba decidida.
Un poco antes de las once ya estaba preparada. Se había puesto un vestido negro ajustadísimo que sólo se había puesto una vez por que le parecía demasiado atrevido para ella. Era corto. Muy corto. Solo unos dedos de tela mantenian a salvo su intimidad. La vez que se lo puso, fue para dar una sorpresa a Gonzalo, y porque no iba a andar por la calle con él, se tiraron toda la noche en una habitación de hotel.
Se maquilló y se puso un bonito conjunto negro de encaje, sujetador y culotte. No se atrevió a ponerse un tanga con ese vestido. Unas medias de rejilla y unos tacones altos completaban un atuendo que pedía guerra a gritos.
Salió de casa intentando que no la viera su familia cuando vio llegar el coche de Frank.
- H-Hola. - Saludó tímida.
Frank la miró de arriba a abajo.
- Hola. Sientate.
Y sin decir nada más, arrancó.
Pasaron el trayecto en silencio, Alicia con la mirada baja, con las dudas sembrando su mente. Frank aparcó cerca de un local y rompió el silencio.
- Parece que estás dispuesta a seguir adelante con esto. Espero que te portes bien. Si es así, te aseguro que tu también lo pasarás bien. Dejate llevar y todo saldrá perfectamente. - Salió del coche y abrió la puerta de la chica. Nuevamente la miro de arriba a abajo. - Parece que tenías un fondo de armario mas interesante que la ropa de sosa que sueles llevar... - Guardó silencio durante unos segundos. - Vamos, me están esperando.
- ¿Q-Quien? ¿No vamos solos? - Preguntó Alicia, asustada.
- Si, pero tengo un asuntillo que tratar con mi camello.
El chico se dirigió a un callejón en el que había un enorme negro esperándole.
- Hola, Piernas, ¿Que tal todo?
Saludó al hombre con un afectuoso apretón de manos.
- Genial, y ya veo que a ti también te va bien. - Contestó el Piernas, comiéndose a Alicia con la mirada. La chica se ruborizó e intentó mirar hacia otro lado. Ese vestido la hacia sentirse desprotegida. - ¿Realmente es...?
- Si. - Cortó Frank. - Su hija. - Alicia soltó un extraño ruidito con la boca y miró a los hombres. - Aunque le queda mucho por aprender para ser como su madre.
- Pero ya te encargarás tu de eso, ¿No? - El Piernas se rió de su comentario.
- Si fuese fácil no sería divertido. ¿Has traído lo que te encargué?
- Por supuesto.
El hombre mostró dos bolsitas de plástico al chico que las cambió por algunos billetes.
- Me alegro de verte. - Dijo Frank. - Estaremos en contacto.
El Piernas no dijo nada, solo se dio la vuelta y se fue por el callejón.
- ¿Quien era ese? - Preguntó a Alicia. - ¿Por que hablabais de mi madre?
Frank no contestó. Se limitó a sonreír y entró en el local.
Nada mas entrar Alicia se dio cuenta de que iba a llamar la atención mas de lo que quería. Era un local de musica Funk y el vestido que llevaba llamaba la atención incluso más que normalmente. La hacía parecer una puta.
- ¡Frank! - El grito de una mujer sacó a Alicia de sus pensamientos.
La camarera salió de detrás de la barra y fue corriendo a saludar al chico con un apasionado morreo. Frank rodeó a la chica con sus manos y no perdió la ocasión de manosearle el culo.
Alicia sintió un arranque de celos.
- Me alegro de verte, Mina. ¿Que tal todo?
Alicia observó a la chica, llevaba unos pantalones anchos, de talle bajo que dejaban ver el tanga negro que llevaba, un top cortito, mostrando escote y ombligo y el pelo rubio y corto. Varios piercing adornaban su cara. No escuchaba lo que decían, pero entonces se dio cuenta de que la chica la estaba observando.
- ¿Una chica nueva? - Preguntó. - Es bastante guapa.
- Se llama Alicia. Todavía tengo que decidir si merece la pena...
- Hola Alicia. Soy Mina. - La camarera se acercó a saludar y, sin dar tiempo a ninguna reacción le plantó un húmedo beso en la boca. Alicia no supo como reaccionar ante aquella lengua que la invadía y tardó unos segundos en quitarse a la chica de encima.
- ¿Q-Que haces? - Protestó.
- ¿No ves? Aun está un poco verde. - Se excusó Frank. - Quédate aquí un momento, Ali. Enseguida vuelvo.
Alicia se sentía incómoda, ¿Como había accedido a meterse en ese lío?
- Venga chica, relajate. Mira, vamos a tomar algo, invita la casa.
- No, yo... Yo no quiero nada... - Alicia de planteaba seriamente la opción de irse, pero en seguida tenía un par de vasos de chupito frente a ella y una botella verde.
- ¿Has probado alguna vez el Jager?
- ¿Eh? No... Los chupitos no me suelen sentar bien, así que no los suelo tomar.
- Pues venga, de un trago. - Ante la mirada preocupada de la chica añadió. - ¿Acabas de llegar y ya estas poniendo pegas? ¡Animate!
Y brindando se tomó el suyo de un trago. Alicia la imitó, notando como algo parecido a fuego bajaba por su garganta.
- Aahhhggg. - Se quejó.
- Al principio cuesta, luego le coges el truco. - Llenó de nuevo los vasos. - ¡Para adentro!
Alicia pensó que si seguía así, la noche seria muy corta... Pero imitó a la rubia.
- Es increíble, ¿Verdad? - Preguntó la camarera después de unos segundos. Estaba mirando la botella con aire distraido.
- Yo no lo llamaría así... - Alicia se agarraba la garganta. - Abrasador, mas bien...
- ¿Eh? ¡No, tonta! Me refiero a Frank...
- Yo...
- Tiene algo... - Cortó Mina. - Absorbente... Su personalidad, su fuerza... Es imposible resistirse...
La chica miraba a la camarera intentando asimilar lo que le decía.
- Y el sexo con él... Buff... Es como una fuerza de la naturaleza...
- Yo... Yo no...
Mina la miró y Alicia pudo ver en sus ojos una sensación extraña. ¿Era compasión?
- ¿No has follado con él?
- Bueno... Mas o menos...
- ¿Mas o menos? En esto no hay medias tintas chica... O si... O no... - Comenzó a acercarse a Alicia. Puso una mano a cada lado de su cuerpo y comenzó a deslizarlas hacia abajo. - Cuando te toca... Cuando te toca puedes sentir que te posee, que eres completamente suya. Sus manos recorren tu cuerpo mientras deseas que no acabe nunca. - Las manos de Mina estaban ya sobre las caderas de Alicia, se había acercado tanto que estaba a pocos centímetros de su cara. Podía notar su respiración perfectamente. - En ese momento podrías hacer cualquier cosa que te pidiese... Venderías a tu madre para conseguir que te hiciese suya...
Alicia se estremeció, ¿Esa mención era casual? Miró a Mina a los ojos, esta se ladeó, vertiendo su aliento sobre el cuello descubierto de la chica, arrancándole un incontrolable suspiro.
- Y entonces viene lo mejor, notas como el monstruo crece poco a poco, lo tocas, lo sientes... Y cuando lo liberas... La maravillosa visión de esa enorme polla... Piensas que no vas a poder, que es enorme, que te va a partir en dos... - Las manos de Mina recorrían el cuerpo de la chica. Ésta recordó esa sensación cuando vio el tamaño del rabo de Frank... Realmente era enorme... - Pero lo deseas, deseas que te parta en dos... Que te taladre... Que te empale...
Mina llevó las manos al culo de Alicia y apretó las nalgas con fuerza, con deseo.
- ¿Eh? - Exclamó Mina, algo confusa. - ¿No te lo dijo Frank? Esto no le va a gustar...
- ¿E-El que? - Ahora la confundida era Alicia. Empezaba a sentirse algo mareada.
- Chicas, ¿Empezais la fiesta sin mi o que? - Frank acababa de llegar. - ¿Que tal se porta nuestra nueva amiga? - Preguntó a Mina.
- Es muy simpática. Y muy guapa. Siempre has tenido buen gusto.
Alicia se puso algo colorada, le estaba entrando calor.
- Te vamos a dejar sola un rato, preciosa. Vamos a divertirnos un poco, ¿Verdad, Ali?
- Eh... Si, claro...
Siguió a Frank hacia el centro de la pista mientras se comía la cabeza pensando que podía haber hecho mal. Cuando pararon, Frank se situó ante ella y, sujetándola por las caderas con voz seria dijo:
- Es tu última oportunidad de dar marcha atrás. Sal de aquí y convierte te en una mojigata insatisfecha, o quedare y disfruta.
La chica no dijo nada, miró a Frank a los ojos, recordando las palabras de Mina, notando sus fuertes manos sobre ella. No podía evitar pensar en el estado de excitación en que se encontraba desde su pequeña aventura voyeurista.
Comenzó a moverse al ritmo de la música. Primero suave, lentamente, casi por inercia. Después, ante la sonrisa de aprobación del chico, comenzó a arrimarse y a marcar mas sus movimientos.
Las manos de Frank pasaron de sus caderas a su espalda y de ahí, bajaron sin preámbulos a su culo.
- ¿Que coño es esto? - Preguntó apartándose de ella.
- ¿Q-Que? - Igual que Mina, Frank veía algo que Alicia no. - ¿Que ocurre?
- Te dije que tendrías que dejar de ser una mojigata, ¿Y traes puestas unas putas bragas?
- E-Es un culotte... Es de encaj...
- Me da igual lo que sea. Si quieres seguir con esto o llevas tanga o no llevas nada. Así que, a no ser que lleves un tanga escondido en el culo solo tienes dos opciones.
Alicia se quedó muda, las lágrimas acudieron a sus ojos, ¿Por que tenia que aguantar eso? Ese cabrón no volvería a verla. Se dio la vuelta y se dirigió a la salida.
Se paró a medio camino a secarse las lágrimas, y al volver a caminar, en vez de a la salida se dirigió al cuarto de baño.
Cuando Frank la vio aparecer con los ojos enrojecidos supo que la noche iba a ser muy divertida.
- Toma. - Dijo secamente Alicia, poniendo sus bragas en la mano del chico. - Y-Ya tienes lo que querías.
Frank se llevó las bragas a la nariz y aspiró.
- Mmmmm. Me encanta el olor a hembra cachonda... Estas caliente, ¿Verdad? Esto te gusta... Te estás comportando como una zorrita y eso te calienta...
Alicia apartó la mirada.
- Llévale esto a Mina y pídele un par de copas. - Dijo, devolviéndole las bragas.
La chica cerró los ojos, respiró hondo y se dirigió a la barra. Sin decir nada, sin mirar a la cara a Mina, le pidió las copas y puso las bragas sobre el mostrador.
- Te dije que no le gustaría. - Dijo, comprensiva. - Pero no te preocupes, en cuanto aprendas lo que le gusta que hagas y lo que no, todo será mas fácil. - Cogió las bragas y, al igual que Frank, se las llevó a la nariz. - No puedes negar que te gusta todo esto, ¿Verdad? - Acarició la mejilla de Alicia, la obligó a mirarla. - No te sientas mal, solo dejate llevar y disfruta.
Después del avergonzante momento de las bragas, todo se puso algo mejor. Las copas volaron y Alicia estaba algo borracha, lo que hizo que se desinhibiera bastante. Estuvieron bailando toda la noche, y las manos de Frank recorrieron entero el cuerpo de Alicia. Ésta estaba cada vez mas caliente, lo que hacia que cada vez buscara más el contacto con Frank, se restregaba contra el, notaba el enorme bulto en su entrepierna y buscaba el contacto.
- Frank... - Balbuceó.
- ¿Que pasa?
Alicia se lanzó al cuello de Frank, devorándolo, casi no era capaz de controlar sus actos, se dejaba llevar por el deseo. Apenas fue consciente de salir a la calle e introducirse en el callejón donde hablaron con el piernas.
- ¿Quieres que te folle, Ali? ¿Quieres que acabe lo que empezaste el otro día? - La mano de Frank se deslizaba bajo el vestido y exploraba el empapado sexo de la chica.
- Frank... No aguanto más... Necesito...
- ¿El que necesitas? ¿Eres una zorra y necesitas polla? ¿MI polla?
- Si... Por favor...
- Dilo.
- ¿El que?
El chico la miró fijamente en silencio, dejando de masturbarla. Alicia movía las caderas buscando de nuevo el contacto con el chico.
- ...Soy... Soy una zorra y necesito polla...
- ¿Que polla?
- Tu polla... Por favor...
Frank sonrió pero, en vez de lanzarse sobre ella se aparto y se acercó a un contenedor. Sacó un pequeño espejo y una bolsita y, en unos segundos, se estaba metiendo una raya de coca.
- Toma, aquí tienes la tuya. - Dijo a la chica. - Venga, te gustará.
Alicia, confundida, borracha y con una sola cosa en mente se colocó frente al espejito, dudando. La mano de Frank se introdujo en su entrepierna y comenzó a masturbarla de nuevo.
- Vamos zorrita, no tienes mas que aspirar.
Alicia estaba comenzando a gemir. Se agachó y, sin pensarlo mucho, esnifó entera la droga que tenia enfrente. Dolía. Le dolió la nariz, le dolió la cabeza y le dolió su orgullo. Nunca había probado las drogas, y ahí estaba ahora, a merced de aquél negro que hasta hace tan poco odiaba.
- Eso es, zorrita, ahora vamos a pasarlo bien.
Frank comenzó a besar el cuello de Alicia desde atrás, mientras restregaba su paquete por el culo de la chica. Los gemidos de Alicia cada vez eran mas audibles. Rápidamente comenzó a notar como el efecto del alcohol desaparecía de su cabeza gracias a la coca, pero el ansia por el sexo seguía ahí. Incluso mas fuerte que antes.
Se giró y se arrodilló ante Frank, apresurándose en liberar a la bestia que la esperaba. Miró a los ojos al chico mientras intentaba devorar aquella enorme polla. Le entraban arcadas pero no le importaba. La saliva se acumulaba en su boca y en la polla del chico, y escurría por su barbilla. Un pequeño hilillo de sangre salia de su nariz.
- Para ya. Quiero follarme a mi zorra.
Alicia se levantó inmediatamente, estaba nerviosa. Nerviosa y cachonda.
Frank levantó el vestido hasta las caderas y la obligó a inclinarse sobre el contenedor. La agarró del pelo, obligándola a levantar la cabeza y comenzó a penetrarla sin prisa pero sin pausa.
Los gemidos de Alicia dieron paso a pequeños grititos de dolor. Era enorme.
- No pares... - Decía. - Fóllame, párteme en dos... Fóllate a tu zorra.
Al oír esa palabra, Frank metió lo que restaba de su polla hasta el fondo y comenzó a bombear frenéticamente.
Los gritos de dolor de Alicia se tornaron nuevamente en gemidos mientras la sobrevenía un orgasmo tras otro. Por su ahora lucida mente pasaba un pensamiento tras otro. Se acordó de Gonzalo, pensó que había estado completamente equivocada toda su viva con respecto al sexo. Lo que tenía con el no era sexo, era un juego de niños comparado con ESTO.
Podía notar como la polla de Frank forzaba las paredes de su coño con cada embestida, como sus huevos chocaban contra ella. Se acordó de su madre, volvió a verla apoyada sobre el sofá, recibiendo el mismo tratamiento que estaba recibiendo ella en este momento.
Se sintió sucia. Se sintió zorra.
Se sintió SU zorra.
- ¿Te gusta puta? ¿Te gusta que te reviente?
- Mmmmm Siiiiii Ufff... Fóllame cabrón, no paressss.
- Eres igual que tu madre, remilgada al principio pero luego toda una puta. ¿No es así zorra? - Alicia casi no podía articular palabra. - ¡Contesta! - Ordenó, tirando más fuerte del pelo.
- ¡Sí! ¡Si! ¡Soy una zorra! ¡Soy una puta!
- ¿Como quien?
- ¡Como mi madre! ¡Soy una zorra como mi madre! ¡Soy tu zorra como mi madre!
Mientras decía esas palabras una enorme corrida le llenó las entrañas. Sentía perfectamente los espasmos que tenía la polla al descargar dentro de ella. Frank se apretó contra su culo y la penetró lo más profundo posible, soltando gemidos de placer y desahogo. Alicia se derrumbó sobre el contenedor jadeando, estaba agotada.
- No te relajes mucho, ¿Piensas dejarme así?
Frank agarró su polla y la sacudió ligeramente, dando a entender a la chica lo que quería que hiciera. Ésta, obediente, se arrodilló sobre el chico y comenzó a lamer el rabo hasta dejarlo limpio. Se levantó y se apoyó en la pared, le temblaban las piernas, nunca se había sentido tan satisfecha. Notaba como el semen comenzaba a resbalar por sus muslos.
- Espero que hayas disfrutado de la experiencia, zorra, por que va a ser la primera de muchas. Anda, pasa al servicio y limpiate un poco, no vas a subir así a mi coche.
Alicia le hizo caso y avanzó tambaleándose. No quiso mirar a nadie en el local, pero le dio la impresión de que Mina sonreía con la mirada fija en ella.
Se miró en el espejo. Tenia el rímel corrido y estaba despeinada, el vestido estaba descolocado y seguramente todos en el local la habían visto el culo. Parecía una verdadera puta.
Por un momento, en su reflejo vio a su madre en vez de así misma. Apartó la mirada. ¿Habria pasado por algo similar? ¿Se sentiría igual que ella ahora mismo?
Se sentía tan sucia.... Tan zorra...
Tenía la cabeza embotada por el alcohol y las drogas pero se sentía tan... bien...
-------------------------
- Ya hemos llegado. - Dijo Frank cuando llegaron a casa de Alicia. - Dentro de poco me pasaré por aquí otra vez, no me gusta dejar a mis zorritas desatendidas. - Alicia agachó la cabeza y se sonrojó. - Me encanta. Tres zorras viviendo bajo el mismo techo.
"¿Tres?"
- No metas a mi hermana en esto. - Replicó Alicia. No fue consciente de que con ese comentario aceptaba su condición y la de su madre.
- ¿Tu hermana? - Frank la miró sonriendo, cadí riéndose. - No tenías ni idea de quien era tu madre y no tienes ni idea de quien es tu hermana.
- ¡He dicho que no te acerques a ella! Por... Por favor... - Añadió, cuando se dio cuenta de que había elevado demasiado el tono.
- Tu hermana es mayorcita, y tiene perfectamente claro lo que quiere y deja de querer. Preocupate de ti misma y dejate de rollos... Anda, baja del coche.
Alicia bajó y Frank se fue. Se quedó unos segundos parada en la calle antes de entrar en su casa, intentando no despertar a nadie. Se quedó mirando la habitación de su hermana, pensando en las ultimas palabras de Frank, pero no le dio demasiadas vueltas. Estaba agotada y se fue a dormir enseguida.
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